Los juguetes se rompen dijo el pequeño, y ella sin pensar le contestó; las personas también se rompen, y en ese preciso instante se le pasaron por la cabeza miles de momentos en los que ella se había roto y en los que rompió a alguien más. Cada decepción, cada pérdida, cada decisión mal tomada era una rotura más en ella.
El pequeño de seguro en ese momento no entendió, pero cuando crezca y sienta que perdió a alguien que lo completaba, cuando crezca y tome una decisión de la que se arrepienta, cuando la persona en la que más confiaba lo decepcione, y sienta un vacío dentro, y que las cosas ya no tienen sentido, se dará cuenta que algo en él se rompió, y es que las personas también nos rompemos, poco a poco, lentamente, hasta quedar totalmente destruidos por dentro. Pero las roturas no se ven porque lo que se rompe es el alma.